domingo, 16 de septiembre de 2012

32 AÑOS A BORDO DE MI MISMO

"Escribo para liberar memoria, para alivianar el alma, para ocupar mi mente y ejercitar mis redes neuronales".


Naturalista desde siempre

Desde niño siempre quise ser naturalista. Recuerdo que cuando era adolescente pensaba que mi vida de adulto sería algo así como una mezcla entre "Indiana Jones" y "Jacques Cocteau" ambientada en Colombia: recorriendo paisajes inhóspitos de mi país, viviendo aventuras deslumbrantes llenas de peligros y animales salvajes, y al final del día salvando o conociendo a una chica hermosa que me diera su amor y sus besos. Qué ingenuos somos cuando jóvenes.

La realidad no es tan romántica como nuestros sueños adolescentes. Estudié biología (eso cumplió parte del plan original) y me gradué estudiando primates en los bosques secos del Atlántico (las aventuras no faltaron, por cierto, pero fueron todo menos deslumbrantes). Conocí muchos paisajes hermosos de la geografía colombiana, lo que me dejó muy gratos recuerdos y experiencias, pero no hubo peligro alguno, salvo una que otra magulladura, rasguños, malestares estomacales y quemaduras solares.

Chicas hermosas que me dieran su amor y sus besos... las ha habido pero hacen parte de otra narración, no de esta historia.

Ser biólogo, de hecho, ha sido muy distinto de lo que había imaginado que representaba. Una cosa es una aventura salvaje como las filmadas en los incontables documentales y programas televisivos de naturaleza y otra la labor de los científicos de la fauna y la flora en Colombia. Es cierto que existen algunos proyectos y trabajos para biólogos que se desarrollan en ambientes inhóspitos, llenos de peligros y aventuras, pero son amplia mayoría los letárgicos estudios en terrenos de industrias mineras y petroleras, trabajos de evaluación de impacto ambiental en obras de infraestructura o investigaciones en laboratorios y entidades citadinas.

Rescato con nostalgia las salidas y trabajos de campo durante mis estudios de pregrado: los páramos de la serranía del Perijá, los bosques del santuario de fauna y flora Los Colorados, el bosque seco de Juan de Acosta (Atlántico) y sus monos aulladores, donde hice mi trabajo de tesis; el vía parque Isla de Salamanca donde serví como guardaparques voluntario estudiando aves playeras; la hacienda El Ceibal y sus titíes cabeciblancos, etc.

Pese a que actualmente me dedico a la docencia y he dejado a un lado mis trabajos como biólogo de campo, siempre seré un naturalista de corazón, como lo soy desde que me acuerdo.